November 11, 2002
Back from Usumacinta

I´ve just finished a four-day trip on the Usumacinta, to Boca del Cerro, Chinikiha, Piedras Negras, and Yaxchilan. Now I´m back in Palenque, getting ready to go off again, this time to Guatemala.

Alfonso Morales and Julia Miller came along on part of the journey, including the visit to the Chinikiha site, very near the proposed dam location, where we took the first photos of painted walls in some of the ruined galleries. We´ve heard a lot of conflicting information regarding number and height of the dams, and whether or not INAH has a plan to rescue any artifacts at any sites. But we interviewed many people in the threatened areas, and we are following up reports that some people have been offered money and land in Campeche in returning for leaving land that may be flooded.

Janet Schwartz, reporter from San Cristobal, came along on several of our trips. Today she sent an article from Tabasco Hoy on the Usumacinta and PPP that you can find below.

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En defensa del futuro del Usumacinta

Carlos Tello Díaz


El gobierno de México retomó a finales de junio la idea -deshechada ya dos
veces antes, por mala- de construir un sistema de presas en el Usumacinta,
cerca de Boca de Cerro, el nombre del cañón por el que pasa el río, en forma
de raudal, antes de desembocar en Tenosique. En julio, la noticia comenzó a
salir en la prensa del país, con frecuencia en secciones marginales de los
diarios. No era todavía considerada una noticia de primera plana, aunque más
tarde trascendió nuestras fronteras.

El 22 de septiembre, por ejemplo, The New York Times publicó una nota firmada
por Tim Weiner que informaba que el proyecto, rodeado de misterio, había sido
elaborado por la Comisión Federal de Electricidad para discutirlo con otras
dependencias del gobierno. Hablaba de dos posibles presas: una con una cortina
de 40 metros de altura y otra -enorme, desmesurada- con una de 100 metros.
Julio Acosta, el coordinador de proyectos hidroeléctricos de la CFE,
mencionaba nada más el proyecto más modesto, que según sus cálculos habría de
generar un poder de 500 megawatts, equivalentes a 2% de las necesidades
eléctricas previstas en el país para la década que viene.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), sin embargo, tiene
noticia solamente del proyecto más ambicioso, en el que por lo menos 18 sitios
mayas (los que conocemos) quedarían sepultados bajo 16 mil millones de metros
cúbicos de agua, en una laguna artificial de más de 30 kilómetros de largo,
algo totalmente desastroso.

Un proyecto similar había sido ya antes cancelado, en 1987 y 1992. Las razones
de su rechazo son las mismas por las que debemos hoy combatir, una vez más, el
proyecto de presa de Boca de Cerro en el Usumacinta.

El Usumacinta es el río más grande de México. Nace en el punto donde confluyen
el río de la Pasión y el río de las Salinas, que bajan desde las montañas de
la Alta Verapaz y El Quiché, en Guatemala. Es un río muy voluble. Su nivel,
que es alto en los meses del estiaje, puede llegar a subir más de 15 metros en
época de lluvias. Así lo demuestran las marcas de la corriente dejadas sobre
su lecho, en las partes más estrechas, y la maraña de ramas acumuladas durante
las crecidas en las copas de los árboles que lo bordean. Hay algo mágico en el
Usumacinta, que atraviesa selvas y pantanos antes de desembocar en la Laguna
de Términos. Entre los ríos más grandes del mundo es uno de los muy pocos que
fluyen hacia el norte, como el Nilo.

El río toma su nombre de una población llamada así, Usumacinta (hoy Cabecera),
localizada abajo de Tenosique, a unos 15 kilómetros del Golfo de México. Está
formado por tres palabras de origen náhuatl: ozoma significa "mono", tzin es
un sufijo reverencial y tlan quiere decir "lugar". Es decir, Ozomatzintlan,
"lugar del mono sagrado". El primero en sugerir esta traducción fue el capitán
Teobert Maler, un austríaco legendario que llegó a México con los ejércitos de
Maximiliano para perderse después en la selva del Petén, la cual remontó por
el Usumacinta hasta llegar a la fuente del río, que creyó hallar en las ruinas
de Cancuén, al pie de la Sierra de los Cuchumatanes.

Los mayas, que lo llamaban Xocol-há ("el agua de Xoc", un dios marino),
levantaron a sus orillas algunas de las ciudades más bellas del Período
Clásico, como Yaxchilán y Piedras Negras. En las estelas de sus edificios, a
mediados del siglo XX, Tatiana Proskouriakoff descifró por vez primera los
glifos que contaban la historia de los mayas, así como también el
glifo-emblema del primer soberano de los mayas cuyo nombre volvimos a
pronunciar, luego de más de 10 siglos de silencio: Pájaro Jaguar, ahau de
Yaxchilán.

Decía arriba que la fisonomía del Usumacinta, intacta durante siglos, estuvo a
punto de ser transformada durante la década de los ochenta. México y
Guatemala, en efecto, impulsaron un proyecto muy ambicioso para construir
presas en cinco puntos del río, entre Bethel y Boca del Cerro, con el objetivo
de generar en total hasta 2 mil 890 megawatts de poder hidroeléctrico, más de
lo que puede producir, por ejemplo, la presa de Asuán en el Nilo. Jeffrey
Wilkerson, especialista en el tema, le dedicó en octubre de 1985 un largo y
detallado reportaje en National Geographic, que no está de más consultar en
estos días de prueba.

El costo de la construcción, según cálculos hechos en 1982, sobrepasaba los 3
billones de dólares. No conocemos el costo financiero del proyecto que revive
hoy el gobierno de Fox, quien llegó al poder con el apoyo de los "ecologistas"
del Partido Verde. Sabemos en todo caso que será un costo muy elevado, aunque
no tan alto como el precio que habremos de pagar en términos ecológicos,
históricos y sociales. Cientos de kilómetros cuadrados de selva, poblada por
venados, tapires y jaguares, llena de caobas y de ceibas, quedarán sumergidos
en el fondo de la presa. Muchos de los edificios más importantes de Piedras
Negras y casi todos los templos de la Acrópolis de Yaxchilán, entre ellos uno
de los más famosos, el Laberinto, habrán de ser arrasados por el Usumacinta.
Las poblaciones de Bethel, Corozal y Benemérito de las Américas, entre muchas
otras más, podrán desaparecer para siempre bajo las aguas del lago artificial
en el que se convertiría el río más caudaloso de nuestro país.

Los diarios mexicanos -y sobre todo los estadunidenses- han tendido a destacar
el aspecto histórico y ecológico de la tragedia: la desaparición de Yaxchilán
y Piedras Negras, la destrucción del corazón de la selva más importante de
Norteamérica. Me interesa destacar aquí su aspecto social.

Desde hace ya décadas, los pueblos indígenas de Chiapas han sido regularmente
desplazados de sus comunidades por toda clase de decretos presidenciales, que
invocan invariablemente el interés superior de la nación. Corozal, por
ejemplo, una de las comunidades que serían afectadas por la construcción de la
presa, está poblada por choles originalmente desplazados de la Selva Lacandona
por el gobierno de Luis Echeverría, con la promesa de tener un hogar para
vivir en paz en el Usumacinta. Otros pueblos de la Selva, los asentados en las
Cañadas, optaron en cambio por enfrentar al poder para defender su derecho a
la tierra. Sus nombres -Ibarra, Las Tazas, La Sultana, entre otros- son ahora
conocidos por un público más amplio, pues en 1994 protagonizaron una rebelión
en Chiapas. ¿Es tan corta la memoria del gobierno?

Las presas producen 20% de la electricidad que utiliza el hombre, pero son
responsables de la desarticulación de 60% de los ríos que tiene el mundo. Es
por eso que hoy ya casi nadie (salvo los chinos) las construye. Porque con la
destrucción de los ríos, las presas han destruido también a las poblaciones
que los habitaban, cuyas culturas quedaron para siempre sepultadas bajo el
agua.

Posted by Dave at November 11, 2002 02:06 PM