November 11, 2003
Early Maya Figures at Jolja’

From Fredy López, via Megan O'Neill, a report on the dating of painted figures in the caves of Joloniel, or Jolja’, by Alejandro Sheseña. For the full text, in Spanish, click MORE.

UPDATE 11/20: Alejandro Sheseña wrote in that there are errors in Fredy's story, and he has sent a corrected version of the article, which you can find here.

And the groundbreaking work on these caves can be found in the study by Karen Bassie-Sweet, on the FAMSI site:

Reports Submitted to FAMSI - The Jolja’ Cave Project

Alumno de Knórozov fecha en Joloniel las inscripciones mayas más antiguas de Mesoamérica

Fredy López* San Cristóbal de Las Casas.- El investigador mexicano Alejandro Sheseña, discípulo del epigrafista ruso Yuri Valentínovich Knórozov, fechó en la cueva de Joloniel o cueva de Jolja’, a ocho kilómetros en dirección norte del poblado de Tumbalá, la figura antropomorfa más antiguas de la civilización maya: el año 37 d.C.

Se trata de una pareja representada de pie, una frente a otra, de las cuales solo una está conservada en su totalidad, pues la otra tiene el rostro parcialmente dañado, elaboradas y rellenas con pintura color negro a excepción del ojo, la nariz y las manos de la figura completa, que tiene el ojo y la nariz de color blanco, mientras que las manos conservan el color de la roca.

La nueva lectura epigráfica del corpus pictórico de la cueva de Joloniel realizada por Sheseña, equipara el desarrollo temprano de los mayas, con la de la cultura Mixe-Zoque, que se estableció en Izapa, en la costa pacífica, y que el investigador norteamericano Gareth Lowe denominó “Mocaya”.

En conferencia dictada el pasado 5 de noviembre en la Biblioteca Fray Bartolomé de las Casas, en el Museo Na Bolom, Sheseña argumentó que en ambas figuras, que conforman el grupo 2, de las pinturas 2 y 3 de la cueva de Jolja’, “se observan cánones artísticos arcaicos”, que constituyen “el testimonio más remoto de ésta civilización”, correspondientes al período “Protoclásico Tardío” o “protomaya”.

“El conjunto de elementos indican claramente que sus autores fueron aquéllos mayas más antiguos, los cuales habrían sido herederos directos de la tradición artística de Izapa”, expuso, apoyado con diapositivas de reproducciones a escala de las pinturas de Joloniel elaboradas por la arqueólogo Fabiola Sánchez Balderas, directora de Na Bolom.

El corpus pictórico de Joloniel está compuesto de dos imágenes iconográficas (entre ellas una que representa al monstruo mitológico que simboliza la tierra y sus cuevas, Kawak) y varios jeroglíficos individuales y en textos, y la pareja estudiada por Sheseña.

Como parte de su investigación para revelar el ancestral mensaje de estas pinturas, Sheseña realizó una visita a la cueva de Joloniel en enero de 1999. Los primeros resultados de esta tarea, el “Análisis epigráfico de la figura 5 de la cueva de Joloniel”, fueron publicados por la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), y una segunda entrega será coeditada por Na bolom y la Unach, bajo el título “La antigüedad del Grupo 2 de la cueva de Joloniel”.

El investigador de la Unach, con un doctorado en Rusia, sostiene que las pinturas de Joloniel solo serían contemporáneas a las esculturas del sitio arqueológico El Baúl (en la costa pacífica de Guatemala), y posiblemente a la estela 10 de Kaminaljuyu (también en Guatemala).

En el corpus pictórico de Joloniel, Sheseña destaca la representación de la imagen más antigua de Kawak (el monstruo de la tierra), como un claro ejemplo de cómo los mayas más antiguos sintetizaron los elementos culturales que heredaron de Izapa creando a su vez aquéllos nuevos que iban a ser característicos de la futura civilización maya.

El estudio de Sheseña trata de demostrar una constante interacción entre las tierras altas de Guatemala y la zona de los olmecas a través de la región de Tumbalá.

“Si el proceso de síntesis cultural ocurre durante el Protoclásico, y puesto que la antigüedad otorgada para el monumento 1 de El Baúl se ubica, siendo específicos, en el periodo Protoclásico Tardío, el cual abarca del 0 al 200 d. C., entonces a este periodo correspondería también la antigüedad propuesta por nosotros para las pinturas de Joloniel. Y la región de Tumbalá seria entonces, evidentemente, uno de esos sitios mayas de las tierras bajas en donde en dicho periodo se da la síntesis de elementos culturales”, dice Sheseña.

De acuerdo con el arqueólogo americano Gordon Willey, “elementos iconográficos y arquitectónicos mayas que sin duda son antecedentes inmediatos de los del clásico empiezan a aparecer en los centros ceremoniales en el preclásico tardío y adquieren mayor definición en el protoclásico. No se puede negar que la síntesis de esos elementos tiene lugar en las tierras bajas y es peculiar de los mayas”.

La escala utilizada por Sheseña para fechar las pinturas de Joloniel, se basa en la elaborada por Gareth Lowe y J. Alden Mason, quienes dividieron al periodo Protoclásico en dos etapas: Protoclásico Temprano, que abarca del 100 a. C. al 1 d. C., y Protoclásico Tardío, que corre a su vez del 1 al 200 d. C., y las enseñanzas deKnórozov, quien comprobó el carácter logo-silábico de la escritura jeroglífica maya y proporcionó las bases del desciframiento lingüístico de los jeroglíficos.

La hipótesis de Sheseña pone en tela de juicio las fechas estipuladas por arqueólogos de la escuela norteamericana, como Andrea Stone, Peter Mathews, Linda Schele, David Freidel y Marc Zender, quienes fecharon los dibujos y jeroglíficos de Joloniel en el “preclásico temprano”, es decir, entre el 200 al 600 d.C., aunque en su estudio Sheseña soloevidencia la inexistencia de aquéllos símbolos que los científicos norteamericanos adjudicaron a estas pinturas.!

Gracias al trabajo de los arqueólogos Karen Bassie-Sweet, Jorge Pérez de Lara y Marc Zender que exploraron la cueva de Joloniel con tecnología infraroja, se pudo determinar que el total de obras de la cueva son 13 pinturas distribuidas en 7 grupos, todas elaboradas en color negro, rojo y blanco sobre la roca caliza de los muros del interior, que su estado de conservación varía, y que, el hábeas pictórico está compuesto de dos imágenes iconográficas y varios jeroglíficos individuales y en textos.

Para el estudio de los jeroglíficos de Joloniel, Sheseña usa el sistema de catalogación empleado la canadiense Karen Bassie-Sweet, quien inicia la cuenta por un jeroglífico ubicado en el muro derecho de la entrada de la cueva (grupo 1), seguida por un pequeño texto y las dos imágenes iconográficas (grupo 2, pinturas 1, 2 y 3), una Rueda Calendarica (grupo 3), 6 textos jeroglíficos en conjunto (grupo 4, pinturas 1-6) y dos textos más por separado (grupos 5 y 6).

“El corpus artístico de Joloniel es una fuente histórica excepcional que nos permite no solo profundizar en la religión, mitología, política, arte y lengua de los antiguos mayas, sino también comprender la lógica de la práctica de elaborar pinturas para la oscura soledad del interior de las cuevas”, dice Sheseña.

Al parecer, habría sido el mayista Eric Thompson quien registró por primera vez la existencia de las pinturas en la cueva de Joloniel, pero no dio ninguna interpretación, limitándose a ubicar su elaboración hacia el 300 d.C.

Según una carta enviada a Frans Blom el 6 de junio de 1961, Thompson considera que las pinturas fueron elaboradas alrededor de 9.0.0.0.0, es decir, en el llamado periodo Clásico Temprano de la historia maya.

Jolja’, que en español quiere decir “El termino”, habría sido el confín, el lindero, la frontera, el limite entre tres Ciudades-Estado, Tortuguero, Palenque y Toniná, cuyos gobernantes se disputaban el control de Tumbalá o K´uk´Wits, que en español quiere decir “Cerro del Quetzal”, una ave de gran significado para la aristocracia maya por su plumaje.

Según la arqueóloga Bassie-Sweet, Joloniel sería un espacio geográfico en constante disputa y el origen del continuo conflicto bélico entre Palenque y Toniná, por ser Tumbalá o K´uk´Wits un mojón natural, pero, también, un lugar sagrado, donde, según Yuri Knorozov y Galinda Yershova, termina el mundo de los vivos e inicia el “Wits Ch´en” (la Boca de la Montaña), el mundo de los muertos, la entrada al inframundo.

Esta peculiaridad, según el análisis elaborado por Sheseña, otorgaría a Joloniel la misma categoría que los mayas dieron a manantiales y cenotes para delimitar territorios, y donde por su naturaleza se realizaron ceremonias rituales de autosangrado en honor al Dios Chak, un logograma representado en Joloniel que se distingue comúnmente por tener un ojo de grandes dimensiones, nariz larga, labio superior grande, boca abierta, grandes colmillos, y una concha cubriéndole la oreja.

Aunque fue Audrey Korelstein quien encontró por vez primera el topónimo K’uk’te Wits (cerro del quetzal) en el Templo del Sol, en Palenque, y Bassie-Sweet quien demostró con detalle el paralelismo iconográfico entre Joloniel y el Grupo Las Cruces, sin duda fueron Linda Schele y David Freidel quienes exploraron la hipótesis de que en tiempos muy remotos los habitantes de Palenque utilizaban la cueva de Joloniel para sus procesiones.

Así, un fragmento del Tablero del Sol reveló que el gobernante Chan Balum derramó sangre y conjuró a las divinidades en el lugar de los lirios acuáticos y en K’uk’ te Wits (cerro de los quetzales), aunque Schele y Freidel consideran que pudo haber sido Ch’away, comúnmente llamado “Casper”, quien ascendió al trono de Palenque en agosto de 345 d.C., quien disfrazado de del Dios Chak realizó los rituales descritos y ordenado después la elaboración de las pinturas descritas.

En la actualidad, la cueva de Joloniel contiene en su interior un conjunto de cruces, ante las cuales, en determinadas fechas, entre ellas el 3 de mayo, los tatuches, ancianos locales encargados del culto tradicional, realizan, a la luz de las velas, variadas ceremonias. Un rezo para solicitar permiso de entrada a la cueva fue realizado precisamente en ese lugar por el tatuch Miguel Arcos, de Túmbala, para que Sheseña pudiera ingresar a la cueva a realizar su investigación.

Posted by Dave at November 11, 2003 10:13 PM