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FOX CONTRA EL USUMACINTA
Homero Aridjis
Todas pintadas, jamás extintas,
son estas aguas, río de monos, Usumacinta.
Carlos Pellicer, "El canto del Usumacinta".
Como una pesadilla recurrente, ha vuelto a surgir el proyecto de construir
presas en el río Usumacinta, en la cuna de la civilización
maya y dentro de
la selva Lacandona, la cual sufre un ritmo de destrucción mayor
y más
rápido que la Amazonia.
A mediados de los sesenta, el paraje Boca del Cerro, cerca de
Tenosique, Tabasco, fue propuesto para una presa hidroeléctrica
de gran
escala. El proyecto se suspendió. En 1980, México acordó
con Guatemala
estudiar la factibilidad de construir múltiples presas en la cuenca
del
Usumacinta y hacia 1985 se recomendó a Boca del Cerro como presa
base, con
cuatro presas adicionales; los embalses cubrirían un área
de 1300 km.
cuadrados. En marzo de 1987, el Grupo de los Cien denunció el proyecto
de
construir presas sobre el río Usumacinta, la frontera natural entre
los dos
países. Llevar a cabo el proyecto significaría inundar 700
km. cuadrados,
acabando con Yaxchilán y Piedras Negras, cancelar el conocimiento
futuro
del pasado cultural maya, y dar un golpe de muerte a la selva Lacandona,
una de las últimas selvas tropicales del planeta, y de paso a los
últimos
lacandones. The New York Times sacó la noticia en primera plana,
con un
editorial "Don't Flood the Maya Vatican." El Grupo de los Cien
pidió a los
presidentes de Guatemala y México que cancelaran el proyecto, y
el
presidente guatemalteco, Vinicio Cerezo Arevalo, manifestó que
su intención
era "trabajar para conservar tanto la fauna, como la cultura"
del área:
"Creo sinceramente que dicho patrimonio pertenece a la humanidad
y que
debemos preservarlo." En mayo de 1989 la Secretaría de Desarrollo
Urbano y
Ecología (SEDUE) suspendió el plan hidroeléctrico
del Usumacinta, a
solicitud del gobierno de Guatemala.
El río Usumacinta es el más caudaloso de México.
En 1990, el Ing.
Manuel Rubio fue contratado por la Comisión Federal de Electricidad
(CFE)
para hacer un estudio del terreno. Su conclusión fue que la inestabilidad
del lecho del río no permitía la construcción de
una cortina de concreto.
Tras declarar a un periódico local que la CFE se olvidara del proyecto,
Rubio fue despedido. El grupo de expertos que analizó entonces
los impactos
ecológicos que tendría la construcción de la presa
advirtió que al detener
la corriente mediante una cortina, se provocaría la inundación
de 23
comunidades en las orillas del río. Sus 25,000 habitantes tendrían
que ser
reubicados. Desde el lugar donde se edificaría la cortina hacia
abajo el
río se convertiría en río muerto,. lo que ocasionaría
la proliferación de
parásitos en los peces, fuente de alimentación de los lugareños.
Desaparecerían los micro climas en donde existen flora y fauna
endémicos.
Los pantanos de Centla, un área protegida por su gran biodiversidad,
se
verían seriamente dañados, provocando un rompimiento brutal
en las cadenas
ecológicas. Las aves migratorias que año con año
llegan a ese lugar
dejarían de hacerlo. Al contrario de lo declarado por la CFE, en
el sentido
de que se necesitaba más generación de energía para
satisfacer la demanda
nacional y vender una parte a Guatemala y Belice, los expertos revelaron
que el que necesitaba energía en la zona era PEMEX, para seguir
con las
exploraciones y la explotación de petróleo, lo cual ha provocado
una
catástrofe ecológica en la región, y que los impactos
ambientales eran
mucho más costosos que buscar fuentes alternativas de generación
de energía.
El 15 de febrero de 1992, en Yaxchilán, durante una reunión
internacional sobre la biodiversidad a la que asistí, el presidente
Salinas
de Gortari anunció la creación de una nueva reserva llamada
Yaxbé ("el
camino verde") sobre el Usumacinta, supuestamente para mantener la
continuidad entre las selvas del Petén guatemalteco y la Lacandonia.
Pocos
días después, leí en los periódicos que la
CFE y la Secretaría de Energía,
Minas e Industria Paraestatal (SEMIP) anunciaban la construcción
de una
presa en Boca del Cerro y otras sobre el río. De nuevo el Grupo
de los
Cien se opuso a esta amenaza al patrimonio biológico y cultural
de México y
Guatemala. Estábamos a punto de lanzar una campaña internacional
con grupos
norteamericanos, cuando a principios de abril recibí una llamada
del Dr.
Arturo Gómez Pompa (consejero ecológico de Salinas) para
comunicarme que el
presidente acababa de cancelar el proyecto. En efecto, el 2 de abril,
en la
reunión Participación Empresarial en el Desarrollo, en Tuxtla
Gutiérrez,
Chiapas, Salinas dijo "mi gobierno no construirá esta presa
hidroeléctrica
en el río Usumacinta, y tampoco tiene previsto desarrollar los
proyectos
para la misma."
Han pasado diez años, y ahora es Vicente Fox quien retoma el proyecto
de construir presas en el río Usumacinta. Pero esta vez, según
los
habitantes de Tenosique, Villahermosa y Emiliano Zapata, en lugar de decir
"presas", en la radio local se habla de "desvíos
de la corriente para
aprovechar su fuerza". ¿A quién quieren engañar?
Como en el pasado priista,
el manejo de la desinformación por parte de la CFE es clave para
la
estrategia de conseguir su objetivo, varias veces rechazado. La
construcción de la presa en Boca del Cerro es la piedra angular
del Plan
Puebla Panamá, el proyecto de desarrollo más ambicioso del
presente
régimen, y que ya ha suscitado la oposición de campesinos
de Oaxaca,
Puebla, Veracruz, Guerrero y Yucatán, de grupos sindicales, indígenas
y
académicos, y de organizaciones no gubernamentales. A finales de
junio de
2002, durante la denominada Cumbre Extraordinaria de los Países
Integrantes
del Mecanismo de Diálogo y Concertación de Tuxtla, en Mérida,
Yucatán, los
presidentes de México, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras,
Nicaragua, Panamá y el premier de Belice acordaron impulsar el
Proyecto
SIEPAC (Sistema de Interconexion Eléctrica para los Países
de América
Central). La mayor parte de estos países ya ha firmado contratos
de
préstamos para participar en el SIEPAC, el cual en su primera fase
implica
la interconexión de suministro eléctrico México-Guatemala.
México no podrá
concretar la dependencía energética sobre el nuestro de
los demás países
involucrados sin construir presas en el río Usumacinta, y dicho
sea de
paso, sin desregular el sector eléctrico y petrolero. La presa
en Boca del
Cerro producirá tan solo 500 megavatios, el 2% de la demanda nacional.
Los argumentos en contra de hacer presas en el río Usumacinta siguen
vigentes: no es posible permitir que se destruya el área que tiene
la mayor
concentración biológica, cultural y arqueológica
de México. 18 sitios
arqueológicos (sin contar los que faltan por descubrir) quedarán
bajo 130
metros de agua. Como dije a The New York Times en 1987, la devastación
que
ocasionaría este proyecto sería mayor a la que causaría
una guerra en la
región. ¿Dónde están los estudios de impacto
ambiental? ¿Dónde está la
consulta pública? ¿Dónde está la SEMARNAT,
secretaría de hule, en la
defensa del patrimonio natural de los mexicanos? ¿Por qué
el INAH no se ha
declarado rotundamente en contra de esta presa? ¿Cómo podrán
el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial justificar el apoyo
financiero a un proyecto tan nefasto? ¿Adónde quedaron la
democracia, la
transparencia, el derecho a la información? ¿Algo ha cambiado
entre 1987,
1992 y 2002? ¿Son en este caso distintos Miguel de la Madrid, Carlos
Salinas de Gortari y Vicente Fox?
En 1991, Gabriel García Márquez y yo entregamos a los diecinueve
jefes de Estado reunidos en Guadalajara para la Primera Cumbre
Iberoamericana la propuesta del Grupo de los Cien para crear una Alianza
Ecológica Latinoamericana. Una de las recomendaciones era establecer
un
parque eco-arqueológico binacional que abarcara las dos orillas
del río
Usumacinta, para asegurar la preservación de la gran selva tropical
que
cubre Chiapas y El Petén, la cultura Maya y el río mismo.
Vicente Fox pasará a la historia como el destructor del patrimonio
cultural y natural del mundo Maya o como su salvador. ¿Qué
decidirá?
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